Mis días en Sidi Hajjej

Hablando de esas experiencias maravillosas que hacen que la vida sea aún más feliz, la primera que se me viene a la mente es una de las más recientes y bonitas de mi vida. Los días que me pasé con una familia de un pequeño pueblo marroquí.

Apartamento de la primera noche en Marrakech

Pasó casi por casualidad , aunque con la ayudita de la conocida hospitalidad marroquí (que no tiene NADA que ver con lo que los turistas se acostumbran a ver en lugares como Marrakech).

En noviembre decidí llevar a cabo la idea que llevaba unos meses rondándome por la cabeza: irme a vivir a Marruecos. El hecho de pasar un invierno a 20 grados y de vivir en un país árabe (mi sueño es aprender el idioma) me parecía una idea estupenda.

Contacté a un chico marroquí que conocí hace unos cinco años, cuando hice mi Erasmus en Suiza, porque vivimos durante tres meses en la misma residencia de estudiantes. Hay que reconocer que no mantuvimos mucho el contacto desde entonces, a pesar de que nos llevábamos muy bien, pero para algo existe el Facebook.

Me dio consejos muy útiles a la hora de decidirme por la ciudad en la que me gustaría vivir y cuando compré mi billete y le informé, se empeñó en que uno de sus tantos sobrinos me recogiera en el aeropuerto de Marrakech para no pasar mi primer día en el país sola. Yo no quería, porque su sobrino vivía a unas TRES horas en coche de la ciudad, pero al final accedí.

Finalmente, el día LL (de llegada), tres horas después de aterrizar (los marroquíes no se caracterizan por su puntualidad), me recogieron el sobrino de mi amigo, su novia y otro amigo de ambos. Resultaron un grupo muy agradable y pasamos el día por la ciudad y alquilamos un apartamento para pasar allí la noche.

El tema es que, para no enrollarme tanto, al día siguiente, supuestamente, iba a irme a Essaouira, ciudad en la que había planeado habitar, pero a ellos parecía no gustarles mucho la idea de dejarme sola. Les propuse ir a su pueblo, Sidi Hajjej, con ellos en coche, pasar allí un par de días y luego volver sola a Essaouira y les pareció estupendo.

Un maravilloso tajin de pollo con un tatuaje de hena que una habitante de Sidi Hajjej me regaló.

Los dos días se convirtieron en dos semanas y me tuve que ir por una obligación, aunque sus familias no me querían dejar marchar, pero aún seguimos en contacto y espero ir pronto a visitarlos de nuevo.

Durante esos días me sentí la persona más querida del mundo. Se trataba de una familia enorme, como es común en Marruecos, felices de hacer todo por complacerme, cuidarme y ayudarme. Normalmente, cuando llego a vivir a un país nuevo, a veces me siento sola al principio, pero esta vez no tuve tiempo de esto.

Todos, desde el primero hasta el último de las familias y sus amigos me trataron como ‘a una reina’. Fueron unos días increíbles y siempre les estaré agradecidos por ello. Sin conocerme de nada, todos me ofrecieron su confianza y su cariño.

Aún llevo con cariño el anillo que Fatna, la que ahora es mi abuela marroquí, se quitó de su dedo para regalármelo.

Sidi Hajjej es, hablando objetivamente, un pueblecito sucio y descuidado, pobre y con una gran tasa de desempleo, pero donde la gente se ríe, es amable y cariñosa y pasa las horas en la calle. Ahora, es mi pueblecito marroquí.

14 comentarios en “Mis días en Sidi Hajjej

  1. Me encanta leerte…!Eres como un libro de vida verdadera..sigue asì amiga..!!
    Besitos from Italy with love!!
    Ciao bellaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!

  2. Le voyage est une Alchimie d’expériences, d’émotions et de lieux. Personne ne peut vivre la même chose au même endroit. Ton énergie te pousse toujours à un nouveau défi, à faire de nouvelles découvertes, à un nouveau challenge, celui d’apprendre une nouvelle langue et une culture si différente.
    Gros bisous
    Rachid

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