Historias bonitas (y curiosas) en el desierto marroquí

Un día que comienza con un viaje en dromedario antes de desayunar, un día en el que hombres feos te intentan besar sin que tú sepas muy bien por qué y que acaba entrenando a Kung Fu en una localidad del sur de Marruecos.

Desde un autobús Alsa en España, yendo de Madrid a Asturias. Después de un mes y medio de viaje por Marruecos considero este Alsa demasiado aburrido, espaciosos y lujoso (¿qué es esto de tener enchufes delante de cada asiento?). Además, nadie intenta hablar conmigo. Me siento un poco invisible.

Y desde este autobús, que será el último que tome en los próximos 10 días en los que estaré en casa con mi familia, recuerdo con cariño mi viaje en el desierto de Marruecos y a las ciudades de Ouarzazate y Tagonit. De hecho, tanto me ha gustado Ouarzazate y sus gente que cabe la posibilidad de que me apetezca mudarme por unas semanas allí en el futuro, antes de que llegue el insoportable calor del verano, claro.

Pues el otro día contaba que estaba a punto de irme al desierto y un par de días después hice un resumen de mi aventura. Hoy, si a alguien le interesa, contaré algún detalle más.

El martes, después de una buena sesión de hammam en el mejor baño que he visitado hasta ahora en Marruecos, tomamos un autobús a las 2 de la tarde que llegó a Tagonit a las 9 de la noche. 7 horas más en autobús, no pasa nada. Los paisajes durante el camino no podrían ser mejores. El autobús pasa por localidade,s en su mayoría habitadas por bereberes donde las casa son de adobe y los hombres descansan tirados en el suelo bajo alguna sombra. Al final del trayecto, tengo que reconocer que mi compañera de viaje y yo nos acojonamos un poco porque íbamos casi solas en el autobús y la carretera se iba estrechando y ya estaba oscuro.

Nada que temer, sólo paranoias nuestras. Y es que, tengo que decir soy siempre muy cuidadosa y, Laura, mi compañera en este viaje, también. De hecho, si no llega a ser porque unos chicos alemanes que conocimos el día anterior en la casa donde hicimos Couch Surfing hacían el mismo tour y quedamos con ellos en Tagonit, no nos hubiéramos atrevido a montarnos en aquel coche que en España llamamos cuatro latas para adentrarnos en el desierto por la noche. De nuevo, nada que temer, pero nosotras somos así.

El cuatro latas estaba conducido por Said, un bereber muy amable  que vive en un campamento en el desierto con sus familiares y que, para ganar dinero, hospeda a gente en algunas de sus jaimas y ofrece paseos en sus camellos.

Cenamos harira (sopita marroquí) y un tajín de pollo y vegetales y dos jóvenes familiares de Said se unieron a nosotros tras la comida para tocar juntos la percusión. Nos enseñaron canciones del desierto y nosotras les enseñamos la canción de ‘Yo tengo un novio, yo tengo un novio que me lleva a la bahía…‘, que les gustó mucho. A mí me encantó una canción del desierto en español que dice algo así como ‘Vamos a la playa, aquí no hay playa, sólo arena’.

Yo tengo un novio, yo tengo un novio, yo tengo un novio que me lleva a la bahía y que me dice vida mia, que me dice qué calor, qué calor, qué calor tengo, qué guapa soy y que tipo tengo!

Los chicos nos contaron cosas de su vida. Siempre están en el desierto y nunca han estudiado en un colegio. Saben idiomas gracias a los turistas que visitan su campamento y aprenden de ‘la escuela de la vida’. Para acabar la velada nos acompañaron a mi amiga y a mí (nuestros compañeros de viaje ya se había ido sobre las 11 a dormir, culturas diferentes, qué le vamos a hacer) a caminar por las dunas totalmente a oscuras y desde lo alto de una de ellas vimos las estrellas antes de irnos a dormir. Tengo que decir que sólo faltó que los dos chicos del desierto fueran dos guapetones para hacer el momento totalmente perfecto, pero no hubo suerte en ese sentido.

A las 6 de la mañana nos despertó “un hombre con turbante“, según palabras literales de Laura, para ver amanecer y me volví a dormir. A las 9, “el hombre con turbante” volvió a despertarnos para montar en dromedario. Fue una experiencia muy graciosa la de montar en dromedario por las dunas justo recién levantada e incluso antes de desayunar. Lo haría más a menudo si pudiera.

¡Qué divertido empezar el día paseando en dromedario!

Después de desayunar tomamos prestada una tabla de snowboard que había en una de las jaimas y nos fuimos a lanzar por las dunas, pero no fue muy exitoso el plan porque lo idóneo es hacerlo con la arena mojada por la lluvia, algo que hace tiempo que no pasa. Mientras esperábamos para irnos de vuelta a alguna ciudad donde hubiera conexión a Internet para realizar mi trabajo, Laura y nos estuvimos saltando por las dunas  como dos niñas pequeñas. Conclusión: acabamos con arena hasta en las orejas

Volvimos en el maravilloso 4 latas a Tagonit y allí trabajé en un bar ‘muy de pueblo’, mientras el camarero, contentísimo de tener dos extranjeras allí, hablaba con mi amiga e  intentaba incluirme en la conversación para pesar de mi concentración. El hombre, delgaducho y chiquitín, se le veía muy inexperimentado con las mujeres pero, como buen marroquí poco acostumbrado al contacto con extranjeras, estaba curioso e intentó besar primero a Laura y luego a mí.

Nada grotesco, simplemente, cuando nos dimos cuenta estaba muy cerca de nosotras (primero de una y luego de la otra) viendo a ver qué hacíamos. Con nuestro gesto, la respuesta fue la típica marroquí que acaba siempre todo tipo de discusión de forma pacífica y que es ‘Masi muskil’ (algo así como no pasa nada). A Laura le pareció muy gracioso el hombre, a mí me dio muchísima intriga saber qué se le estaba pasando por la cabeza. No era mala persona. Aquí simplemente, muchos tienen la teoría de que ‘no se va a perder nada por intentarlo’.

Haciendo snowboard en las dunas

Para que entendáis mejor la situación: imagínate que estás mirando hacia otro lado mientras hablas con un hombre bajito y delgaducho y que cuando te giras lo tienes muy cerca de tí, mirándote con ojitos de cordero degollado, en plan: ‘a ver qué pasa’ o ‘a ver si hay suerte’  o quien sabe en qué plan, porque yo no me lo explico. Luego, al ver que la reacción de la muchacha es de estar molesta, dice el chiquitajo ‘masi muskil’ y todo tan normal.

Cuando acabé mi tarea nos fuimos de paseo por el pueblo y un joven con turbante azul comenzó a darnos conversación. Después de un rato de cháchara nos invitó a un té en un bar cercan. Era touareg y muy hospitalario. Tuvimos una agredable charla hasta que nos tuvimos que ir a tomar el autobús de vuelta a Ouarzazate.

En el autobús, parece ser que  a la gente del sur de Marruecos les gusta mucho hablar y fui con un grupo de hombres contándonos chistes sobre marroquíes y resolviendo adivinanzas. Solo un rato claro, que yo soy del norte de España y, a veces, también necesito mis momentos de silencio (sólo hay que ver el autobús en el que voy ahora de Madrid a Asturias, que parecemos todos enemigos y las única conversaciones que hay son por teléfono).

Se ve que Laura estaba muy sexy ese día toda rebozada de arena, así que otro hombre con el que habíamos conversado en el autobús la intentó besar del mismo modo que hizo el anterior (acercándo la cabeza suya a la de ella para ver su reacción), cuando la acompañó a un restaurante, en una de las paradas, para comprar un bocadillo. Seriamente lo digo que necesito hacer una profunda investigación para descubrir qué piensa un hombre con dientes rotos y grises sobre las europeas para pensar que una chica joven y guapa le va a querer besar.

Al llegar a Ouarzazate quedamos con el colega que nos alojaba en su casa gracias a Couch Surfing y nos llevó a sus clases de Kung Fu, cuyo profesor también habíamos conocido dos días antes. Nos sentamos a esperar y a ver a los chicos hacer deporte y el profesor nos invitó a unirnos. Fue muy divertido hacer Kung Fu durante un rato con muchos chicos marroquíes que nos aplaudieron con ganas por habernos atrevido a unirnos a ellos.

Al día siguiente desayunamos en la casa donde dormimos con nuestro colega, su mujer y su hijo pequeño y sus vecinos, una pareja formada por un canadiense y una marroquí a los que nuestro anfitrión hospedó en su humilde casa durante nueve meses y que no tienen una lengua común para comunicarse, pero que tienen una hija pequeña (me pareció buena idea lo de tener una pareja con la que no puedes comunicarte, a veces estaría muy bien).

Pasamos el resto de la mañana y la tarde con el profesor de Kung Fu, que consiguió unas bicicletas para nosotras, y nos fuimos de excursión visitando los alrededores de Ouarzazate, y comiendo unos bocadillos que nos trajo como una muestra más de la hospitalidad marroquí bajo la sonbra de una palmera a orillas del río, mirando al castillo y compartiendo opiniones. Con ese bocadillo en mano fue cuando comencé a plantearme seriamente irme a vivir unas semanas a Ouarzazate.

Veremos.

Si os interesa alguna vez dormir en el desierto por una noche y pasear en dromedario recién levantados os recomiendo mi experiencia. Lógicamente no soy un Lonely Planet para haber probado otras excursiones así que no puedo comparar, pero sé que la mía me gustó (si alguien sabe de otras excursiones similares, serán más que bienvenidos sus comentarios). Podéis contactar con Said en el número (00212) 662093478. Yo pagué algo más porque hubo un mediador que se llevo comisión, pero si le contactáis directamente supongo que el precio oscilará entre los 150 y 200 Dirhams con la cena y desayuno incluidos.

6 a.m. Viendo amanecer en el desierto

Nuestro transporte para adentrarnos en las primera dunas del desierto desde Tagonit

Disfrutamos como niñas

5 comentarios en “Historias bonitas (y curiosas) en el desierto marroquí

  1. Pingback: Una recomendación por si te tienes que alojar en Marrakech sólo una noche para tomar un vuelo « Barbarabecares

  2. Pingback: Fin de semana en el Alto Atlas con un club de Kung-Fu « Barbarabecares

  3. ¡Qué viaje más bonito! La verdad, ver las estrellas del desierto y practicar kung fu, todo en las mismas 24h, no tiene precio!

    En cuanto a los hombres desdentados, ya, yo flipo también, de hecho aunque la mujer en cuestión no sea curiosa 😉 es un poco sobrao lo seguros de sí mismos que están! Yo imagino que será simplemente porque están acostumbrados a conseguir la mujer que quieran pagando la dote y punto (siempre refiriéndome a la cultura más tradicional), y no acaban de comprender que ese rollo no se da con las europeas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s