A 4.000 metros de altura

Esta historia comienza con la escritora de este blog yéndose a la montaña como quien se va de pic nic, tiene su punto álgido con la misma chica abrazada a un marroquí a 4.000 metros de altura como si no hubiera mañana y finaliza con la mencionada teniendo unas ganas locas de estar en Marrakech como nunca le había pasado en su vida.

En esta historia, además de lo que ya os he adelantado, quedo como una completa ignorante. Yo, que como dice mi padre, voy de lista por la vida, pues no debería contarla y mantener mi imagen. Pero es que tampoco está de más reconocer los errores.

Primer día de subida. El refugio está justo antes de esta gan montaña que véis.

Todo empezó cuando una amiga francesa que conocí por Marruecos me comentó hace tiempo de irnos de montañismo por Toubkal, la montaña más alta del norte de África. Yo dije que, si a mediados de mayo andaba de viaje cerca, podría apuntarme, que también me gusta la montaña. Así que al final, como seguía por esta zona, vine con ella. El viernes dormimos en Imlil, un pueblecito precioso situado en un valle a una hora y media de Marrakech y el sábado, tras un gran desayuno, nos encaminamos a la primera parte de la caminata.

Normalmente, lo que se hace es ir el primer día hacia el refugio de Toubkal, que está a unas cinco horas de caminata desde Imlil, para realizar la subida al día siguiente hacia el pico de la montaña, situado a 4.165 metros y luego emprender la bajada hasta el pueblo. Hay frikis (sin intención de ofender a nadie) que son capaces de quedarse en el refugio una semana subiendo diferentes montañas de la zona, pero bueno, lo normal es pasarse dos días.

Pues bien, ya ese primer día llegamos bastante agotadas al refugio tras la subida para la que tardamos cinco horas y media ya que paramos varias veces. El refugio es un sitio chulo, donde hay mucha gente de muchos países y muy buen rollo. Mucha gente nos preguntó si no llevábamos guía y dijomos que no. Habíamos leído que era fácil el camino así que no necesitábamos guía. De toda la gente con la que hablamos, nos hicimos muy colegas de un chico francés y de su guía, Mustafa, con los que estuvimos jugando un rato a las cartas.

Al día siguiente nos levantamos a las 5 de la mañana para seguir la caminata. Nosotras y casi todo el mundo, así que no iríamos solas. Dejamos la mochila en el refugio y sólo nos llevamos una pequeña para el agua. Desde el comienzo estaba todo el camino muy empinado, pero sinceramente, se me estaba haciendo fácil, aunque hubo algún montañero que decidió abandonar.

Vistas de las montañas más bajas el sábado a las 5.30 de la mañana desde el refugio.

Deciros que tanto mi amiga, como yo vivimos en Marruecos y no tenemos ropa de abrigo. Todos los turistas iban preparadísimos con sus ropas de montaña y nosotras nada. Para que os hagáis una idea, yo llevaba unos pantalones de algodón que me compré el otro día de segunda mano para ir a la montaña y que se me caen porque son un par de tallas grandes, una ‘camisetuca’ de verano, un jersey de punto encima y una chaqueta del Bershka roja de media manga, de verano también. En los pies una imitación a las Converse y de guantes unos calcetines rosa con lunares grises. Creo que lo más abrigado que llevaba era un pañuelo de lunares que compré para regalarle a mi hermana para que se vaya de paseo con sus amigas, que tenía metido en la mochila y me lo puse para cubrirme un poco las orejas y la cara. Como podéis ver  y como dije antes, iba al Toubkal,como quien se va a un pic nic o a l’Abeduriu (esto sólo lo entenderás mis paisanos).

Cuando empezamos la caminta a las 6 de la mañana hacía frío, pero yo pensaba que con los esfuerzos de la subida y según fuera saliendo el sol, entraríamos en calor. Se me olvidó la teoría básica, que probablemente estudiamos en quinto o sexto de primaria, y que más tarde iba recordando según iba subiendo e iba teniendo más frío, que dice algo así como que a cada ciento y algo metros de altitud, la tempertura desciende 1º.

Por el camino, nos reencontramos con nuestro amigo francés y su guía que estaban pendientes de nosotras. Cada vez hacía más frío y el sol seguía guardado entre alguna de las altas montañas que nos rodeaban. Varias veces, según iba siendo todo más empinado y tiraba el aire más frío, me pregunté ‘qué coño estoy haciendo yo aquí‘. El día anterior, otro señor que conocimos en nuestro juego de cartas, dijo que subir el Toubkal era todo un logro y algo para contar y le dí la razón en aquel momento. Sería guay contar un día a mis futuros nietos que había subido la montaña más alta del norte de África a patita. Sin embargo, subiendo entre las piedras de la montaña, con ese frío polar y esas ráfagas de viento terribles, pensé que no necesitaba subir esa montaña para nada. Cada uno tiene su manera de autorrealizarse. Unos con sus trabajos, otros con su familia y sus hijos, otros subiendo montañas…. Yo me autorrealizo con mis viajes y mis estudios y mis idiomas, así que para qué subir a los picos de montañas altas… Podría haber abandonado ahí, como otros montañeros iban haciendo, pero nunca me ha gustado dejar las cosas que comienzo a la mitad.

Principio de la gran subida y última foto sacada antes de llegar arriba. Hacía demasiado frío y viento como para sacar la cámara de fotos en el resto del trayecto.

Llegó un momento que no podía más de frío y el guía Mustafá, que para ese momento ya nos había adoptado a mí y mi compañera, me dejó unos pantalones finos pero aislantes del viento que me vinieron muy bien y me puso su pañuelo alrededor de la cabeza y el cuello,que era grande y quedándose él con mi fular de lunares,mucho más pequeño y fino.

Ahora lo recuerdo todo un poco confuso, recuerdo que hacía mucho viento y yo me dejaba llevar por él, moviendo rápidamente mis piernas y subiendo impulsada por las ráfagas. Mi compañera comenzó a ponerse muy nerviosa y le dejaron también alguna vestimenta. En todo este panorama en que a veces hasta me apetecía llorar, llegamos a un punto alto donde nos encontramos a muchos de los demás montañeros del refugio resguardándose del fuerte viento y el frío entre unas rocas.

Yo no era capaz de llegar hasta allí porque el viento me tiraba, así que me resguardé entre otras, que eran enanas y no tapaban nada el frío. En esto llegó nuestro compañero francés y me llevó hacia donde estaban los demás. Allí Mustafá cuidaba de mi amiga francesa que en ese momento se encontraba bastante mal. Al llegar allí yo tiritaba de frío (según Mustafá, entre la temperatura y el viento frío, la sensación podía ser de menos 10 grados) y cuando me senté para resguardarme, el chico marroquí que estaba a mi lado me abrazó para darme calor. Y yo, que sabéis que normalmente soy muy reacia a marroquíes desconocidos, me dejé abrazar como si no hubiera mañana, y es que, quien sabe, viendo el frío que hacía y el viento que nos tiraba, igual no lo había.

Ahí me dio por reirme bastante, reirme por no llorar que es algo que a mí me gusta hacer. Y helada como estaba, también hice unas cuantas fotos de las vistas (con mi sonrisa de foto) y un video. Pasara lo que pasara era un momento para recordar. En ese momento, algunos de los que andaban por allí dijeron que sería el momento de bajar porque las condiciones meteorológicas no eran normales y podría ser peligroso continuar. Otros, los más valientes y habituados a la montaña siguieron hasta los 4.165 metros.

Desde los cerca de 4.000 metros antes de empezar la bajada.

Nosotras, lógicamente, emprendimos el descenso. En ese momento yo ya casi no sentía frío. Me di cuenta de que, aunque creí que subir montañas no me autorrealiza, haber conseguido subir hasta allí era todo un logro y me sentía ya como si fuera super fuerte y capaz de casi todo en esta vida (digo casi porque si hubiera tenido que seguir hasta el pico igual me daba una depresión). También gracias a nuestros nuevos amigos y al guía Mustafá que nos ayudaron muchísimo. Bajamos la montaña con muchas ganas y hasta con alegría. Mi compañera seguía un poco nerviosa, pero se consiguió calmar, y seguimos el camino motivadísimas. Más de dos horas de bajada por una montaña rocosa y empinada. ¡A quién le importaba después de haberla subido!

Y a quién le importaba tener que pasarse otras tres horas más bajando montañas hasta llegar a Imlil con mis converse rosa que ya me hacían daño en el pie.

Deseaba más que nunca en mi vida  estar de vuelta en Marrakech. Los que me conocéis también sabéis la tirria que le tengo a la ciudad. Pero sólo soñaba con tumbarme en la cama del hostal de Marrakech. Ya en el hostal conocí a un chico y le comenté que había subido el toubkal. Me preguntó que si era alpinista. A mí me apeteció decirle que sólo soy un poco parda, pero de alpinista no tengo ni los zapatos.

Hoy no me caben màs agujetas en las piernas. Pero estoy motivadísma. ¡He subido 4.000 metros!

Bajando. Por fin vemos el refugio. Aleluya

Bajando desde el refugio a Imlil. Este camino parece casi de rosas en comparación con la caminata matutina.

Despidiéndonos de las grandes montañas

Vistas del valle de Imlil

17 comentarios en “A 4.000 metros de altura

  1. Barbara!!! felicidades de las grandes, eres una crack!!!! jajajajaja, yo me hubiera acojonado con sólo plantearmelo, pero ahora me han entrado unas ganas locas de subirlo tambien….ahora me doy cuenta que fui una gallinita que se quedó a los pies de contarle eso a sus nietos, jajaja, y se conformó con una horita hasta los saltos de agua….me ha encantado la historia! eso si, coincidimos que unas converse y una chaquetita del bershka no es lo más adecuado para hacer un 4.000, pero le da un toque único…
    petonets

    • Gracias guapa!!! El tema fue que no me lo planteé. Te juro que yo iba como quien se va a pasear una montaña tan normal….. No t preocupes que tiempo tendrás. A la próxima quedamos y vamos juntas, yo me voy a los saltos de agua y tú lo subes, con botas de montaña y ropa aislante del frío, eso sí!!!!! Un beso!!!

      • jajjajajja, te tomo la palabra….aunque creo que no lo conseguiría, ni con chirucas y anorac….tendrías que volver a subirla para darme ánimos, jajajaja

      • jajajaja, ok ok….es que nunca he subido más que un 2.000, ya ves, lo que tiene …
        me gusta hacer más senderismo que montañismo, porque me agota escalar (y parezco una abuelita, pero a veces me pinzo la ciàtica, jajajaja aunque desde que hago pilates mucho mejor :P)….aunque siendo sincera, no practico demasiado ni lo uno ni lo otro jajaja

  2. Pues te tengo que felicitar por esa gran hazaña Bárbara, y espero que en el futuro, te felicite por otras muchas 🙂
    PD -> insisto en tu necesidad de un buen clazado

  3. En fin, Bárbara…la ascensión al Toubkal es una de las míticas. Es la segunda montaña más alta de África…en España no tenemos una montaña así…para nada. Esta primavera está siendo fria en esa zona y no es recomendable la ascensión por el frío si no vas preparado.
    Pero…¿ y a quien le importa ? Que te quiten lo bailao…por cierto, debes estar muy en forma, porque llegar al refugio ya tiene su gracia…y después ir subiendo hasta 4.000 telita marinera…En fin, que entre las imitación de Converse y las imitación Victoria…podrías hacer un homenaje a tus particulares “botas de montaña made in Marruecos”….;-))

    • Lo has hecho tú?? En forma estoy. Soy muy activa. No puedo estar nunca quieta. El problema sí, son los zapatos. Yo diría made in Bárbara xq en realidad la imitación a las Victoria me las había comprado en el Alcampo de mi pueblo en Asturias. Ya he decidido que nada más que llegue a casa me compraré unas buenas botas xq este verano tengo en mente varias rutas asturianas.
      Lo de que esta primavera esta siendo fria y demás hubiera sido bueno saberlo antes. Cuando me preparé para irme a la montaña, un par de amigos me comentaron que haría frío por Toubkal (ellos pensaron que solo me iba de paseo, no a subir los 4.000) y yo decía ‘alhamdulillah’, xq estábamos en Ouarzazate a 40 grados y yo soñaba con el fresco. Claro que deberían haberme dicho: ‘ te vas a cagar, nunca en tu vida vas a pasar más frío’ y entonces hubiera cogido un abrigo que tengo por aquí 🙂

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