Cuando ya no nos quedan preocupaciones reales

Hace un tiempo le estaba contando a una amiga sobre cómo se vive en Marruecos: la falta de comodidades (ahora algunas de estas me parecen lujos), los bajos sueldos que sirven para mantener a familias gigantes, los problemas sanitarios, la falta de educación y baja escolaridad… y ella me dijo; ‘entonces cuando vienen a países como España, fliparán‘.

Y la verdad que no supe qué responder porque sí que sé que los marroquíes que viven por Europa están deseando tener vacaciones o directamente jubilarse para poder volver a su pueblo. Al fin y al cabo, donde siempre nos sentimos más cómodos es en ese lugar donde nos críamos, donde vive nuestra familia, donde tenemos nuestras costumbres sin ser considerados raros por eso, donde están nuestros amigos de siempre que nos comprenden…

Pero, por otro lado, todos sueñan con Europa, con el dinero que se puede conseguir nada más cruzar el charco, por las mismas horas de trabajo y que da para incluso darse caprichos, con los coches, las casas bien adornadas con sus azulejos y baldosas y con el estilo de vida materialista que también las televisiones, revistas y anuncios venden en Marruecos y que pintan muy feliz.

Yo, tras siete meses viviendo en Marruecos, vuelvo a Asturias y ya al quinto día aquí pienso que si fuera marroquí y de repente me plantaran aquí pensaría que los europeos no saben apreciar lo que tienen. Y como no saben apreciar lo que tienen, se ‘inventan los problemas’.

De hecho, ya lo pienso yo siendo europea de toda la vida y sólo expuesta siete meses a otro estilo de vida.

El ser humano no se conforma nunca con nada, lo que en muchos aspectos es muy positivo. Pero en otros es negativo… y triste. Por otro lado, el ser humano necesita estar preocupado. Cuando tiene que dejar de preocuparse por aspectos como que el sueldo no les da para comprar aceite de oliva (mirado como base de una alimentación) pues se preocupa porque no puede comprarse dos pantalones para tener de ‘quita y pon’ y cuando tiene superadas todas estas escalas y las necesidades básicas ya están más que suplidas, entonces se preocupa por cualquier cosa y hasta se inventa los problemas.

La gente se queja mucho. Demasiado para mí gusto y por tonterías. Que si hoy hace calor, que si ahora se ha puesto frío, que si prefiero las vacaciones en julio, que si las prefiero en agosto, que si he engordado, que si no encuentro unos zapatos que me combinen con la chaqueta o que si hoy es lunes o martes o domingo y no viernes, que si estoy en el paro, que si me canso de trabajar que si he engordado o que si me salido un grano en la frente. En fin. El otro día leí una frase que no podría tener más razón: ‘si no eres feliz con lo que tienes, con todo lo que te falta tampoco‘.

Por ejemplo,  una gran preocupación europea está relacionada con el materialismo, ese ser que nos consume, nunca mejor dicho. Entonces vengo a España y me encuentro con una niña que está enfadada con su familia porque no le quieren comprar un iPod,pero que tiene un tablet, un mp4 y un smartphone con los que soñaba hace tan sólo unos meses pero que ya practicamente no usa porque ahora quiere un iPod (para qué… no lo sé. Es el ser humano es a veces así de inexplicable).

Y cuando las necesidades básicas ya están más que suplidas, buscamos problemas donde no los hay. Y entonces veo un grupo de amigas a punto de enfadarse porque son incapaces de ponerse de acuerdo en un plan para pasar cuatro días juntas y disfrutar de la amistad, contarse sus cosas, reírse de la vida y pasarse un fin de semana largo juntas ya que casi no se ven en todo el año. Y la vida es fácil y el fin de semana juntas también, pero así, sin venir a cuento, se han complicado tanto que parece que tienen diferencias irreconciliables.

En Maruecos me pasé siete meses en un estado de felicidad muy constante. Vamos que nada podía afectarme negativamente más de una hora. Supongo que es porque los marroquíes saben muy bien quitarle hierro a asuntos que no son de verdad importantes (estaría mejor si le dieran menos importancia al que dirán, que le dan mucho más de la que se merece). Pero su manera de dar poca importancia a asuntos que no la tienen me maravilla y de responder un mashi mushkil (no pasa nada) a cosas que aquí sí que nos molestarían mucho, en general.

Y no digo que es que los marroquíes sean mejores que los europeos. Son humanos y al final cortados por el mismo patrón todos nosotros. Y en el momento que tengan dinero para suplir sus necesidades diarias y para varios pantalones de repuesto (nuevos) pues acabarán preocupándose por cosas caras y acabarán dando importancia a asuntos banales sin darse cuenta que al final lo que de verdad importa es la familia, los amigos y … la salud, claro, otra gran olvidada cuando la tenemos.

La foto está sacada del semanal de moda de El País y está hecho por Laura Pacheco. Se llama ‘Los problemas del primer mundo’ y tiene algunos muy buenos. Pincha aquí para acceder.

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