El karaoke: una historia de amor-odio

A mí siempre me ha encantado el karaoke. Me das un micrófono, un pequeño escenario y una televisión con las letras de las canciones y me vuelvo loca.

La entrada al karaoke Romance, cerca de mi casa

La entrada al karaoke Romance, cerca de mi casa

No es que cante bien, no os confundáis, de hecho, lo que me daría vergüenza sería ponerme a cantar de manera decente en público. Soy más de gritar las caciones, acompañada de algún amigo o amiga en el micrófono de al lado.

De hecho, en el último día de fiesta con mis amigos del pueblo antes de venirme a Vietnam, hubo una gran discusión porque alguien dijo que había un bar en mi pueblo con Karaoke y ahí comenzaron las discusiones: ir o no ir. Yo, lógicamente, votaba fuertemente por el sí, aunque el bar en cuestión no fuera de lo mejor que tenemos, para qué nos vamos a engañar.

Pero ahora llego a Vietnam, que parece ser que es el país del karaoke, y le estoy cogiendo bastante manía.

Para empezar, hay muchísimos karaokes en cualquier lugar, más que cafeterías. De hehco, uno de los primeros días por aquí, salí a dara un paseo con mi compi de casa y encontramos un lugar con muchas luces de colores, ruido y muchas motos delante (lo que delataba el número de personas que había dentro). Resultó ser el ‘karaoke romance‘, que está muy cerca de mi casa, y que estaba lleno de adolescentes borrachos que se turnaban para salir a

Karaoke en casa

Karaoke en casa

cantar, a las 8 de la tarde y con una terracita muy mona en la que nos tomamos algo. Aunque la terracita dejó de ser mona cuando empezó a pasearse por ella una rata demasiado grande.

Pero eso no es lo que me hace tenerle manía al gran invento del karoke, sino que en casa, la gente pone un video y unos amplificadores y se ponen a cantar. Y la familia de la casa donde vivo lo hace  muy a menudo y cantan altísimo canciones vietnamitas y ponen los altavoces a todo gas y todo eso, normalmente, después de comer. Y les da igual que estemos trabajando o que tengamos una reunión como pasó el otro día.

Y lo peor es cuando quieren que nos unamos. El primer día, feliz de la vida por tener un karaoke en casa, dije que sí. Y ahí escogimos canciones de la lista inglesa y cantamos ‘Chiquititta’ o ‘Bailamos’ o ‘Billy Jean’…. Pero ya me aburre un poco bastante. Además de que no tiene canciones de María Jiménez ni de Alejandro Sanz ni ninguna de estas que me motivan, la música es demasiado alta y me pone la cabeza como un bombo. Y eso de que canten casi a diario, pues hace del karaoke algo menos especial.

Y a mí me sale decir: ¿no querías taza? Pues toma taza y media. Esto debe de ser cosa del karma, por haber sido una ‘gobernanta’ y decidir que en mi fiesta despedida sí se iba al karaoke, aunque no todos quisieran.

6 comentarios en “El karaoke: una historia de amor-odio

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