Probar comida nueva

Yo siempre fui una malísima ‘comedora’. Nada me gustaba. O eso decía yo, porque la realidad era que nunca probaba cosas nuevas y simplemente decía que es que “no me gustaban”. Era mi frase estrella.

Vamos que yo fui una niña-adolescente de esas a las que te apetece darles un sopapo cuando se ponen delante de la comida, con todo el hambre que hay en el mundo. Yo sería la primera que le diría a aquella niña que muy mal.

Pero con los años aprendí y entonces me dí cuenta de que me había perdido de comer comida deliciosas por no querer probarlas. Así que ahora intento probarlo casi todo. Y casi todo me suele gustar más o menos. Aunque aún tengo respeto a las vísceras de los animales y los pellejos, que mucho se comen por Vietnam. Y tampoco me gusta nada la cebolla, pero si alguien que no me conoce bien, la cocina, yo me la como y no digo nada.

Pues partiendo de esa base de que me gusta probar cosas nuevas, el otro día probé algo que parecía muy curioso.

La apariencia era esta (os lo dejo por si queréis ir adivinando):

Lo marrón que véis son hojas de bambú que recubrían el producto comestible que venía dentro.

Lo marrón que véis son hojas de bambú que recubrían el producto comestible que venía dentro.

Íbamos en un tren en un tren hacia nuestras maravillosas vacaciones en la isla de Cat Ba (ese capítulo, en unos días) y yo estaba muerta de hambre. Casi perdemos nuestro tren, porque nos confundimos y fuimos a la estación principal de Hanoi a tomarlo (y nos habíamos levantado 3 horas antes a las 6 de la mañana y nos habíamos dado una paliza terrible para llegar al centro de la ciudad desde nuestro barrio).

Cuando quedaba menos de media hora para que saliese nuestro tren, nos enteramos de que esa no era nuestra estación y que debíamos ir a otra. Podéis imaginaros el show: en una ciudad tan caótica como es Hanoi, un taxi de coche va muy lento porque la motos reinan en las carreteras, así que cogimos tres moto taxi, uno para cada una y les dijimos que se apuraran que era tarde. Ahí pasamos un poco de miedo, el mío pitaba como un loco y sin parar. Pero bueno, llegamos y al llegar nos perdimos unas de otras y justo en el último momento nos encontramos y subimos al tren. Pensé que me quedaba sin vacaciones. Así que, tras todo el trajín, necesitaba comer.

Primero pasaron vendiendo arroz y no quería arroz. Sabía que había otro carrito y esperé. Y sólo tenía bolsas de patatitas que no me apetecían a las 9.30 de la mañana y eso de la foto que eran hojas de bambñu recubriendo algo que no teníamos ni idea de lo que podía ser.

Así que lo compré y lo abrí. Al abrirlo, aparecieron más hojas de bambú. Estaba bien envuelto. Y luego apareció una masa gelatinosa como verde oscura con algo blanco que asomaba:

A quitarle todas las hojas de bambú, apareció esto. ¿Alguna idea más clara de lo que podría ser? Yo, en este momento, estaba más perdida que al principio

A quitarle todas las hojas de bambú, apareció esto. ¿Alguna idea más clara de lo que podría ser? Yo, en este momento, estaba más perdida que al principio

Pues ya no me quedaba otra que darle un mordisco y………… mmmmmmmm BUENÍSIMO. Se llama Banh Gai y parece ser que lo de fuera es una masa hecha con varios ingredientes, entre otros, la tapioca, no tiene mucho sabor y la textura es como de gominola blanda y por dentro, tiene un relleno hecho de coco y de plátano, que me encantó. Ahora es una de mis comida favoritas aquí. Es dulce pero por la fruta.

Por esas cosas, me alegro de haber dejado de lado las tonterías y de decidirme a probar todo. Si no fuera así, nunca habría descubierto el Banh Gai. Por cierto, a mi hermana, que sí que es una campeona de probar cosas nuevas desde siempre (la admiro mucho), creo que le encantaría.

El último Banh Gai de la bolsa. Me encantó!

El último Banh Gai de la bolsa. Me encantó!

5 comentarios en “Probar comida nueva

  1. Que bueno! ahora ya sabemos lo que habia dentro!!!! lo primero que pensé fue en el queso, pero el queso es de mal conservar….asi que no me imaginaba algo dulce…es como conserva de frutas no? como si fuera un puding o compota?…. jajaja, ya has encontrado tu comida favorita!

    Lo mejor, sin duda, la peripecia de equivocarse de estacion habiendose levantado 3 horas antes y ir con taxis-moto suicidas para no perder el tren correcto y unas merecidas las vacaciones…tienes que hacer un post de eso, porfi!!!!!
    muaaaaa, guapa!

    • Guapiiiiiiii. Pues es como una masa de platano y coco, dentro de eso que es verde oscuro y que o sabe a nada, no es compota ni nada de eso. Más natural yo creo, sin menos cocina, que igual si. Pero la esa impresion al sabor. Ya ves. Si no pillábamos ese tren ya no podíamos irnos ese día xq el siguiente tren era a mis horas de trabajo….. 😦 Así que al final bien bien. Luego fue un rollo llegar a la isla xq nos daban mal las indicaicones para llegar al barco, pero como soy muy de preguntar, al final, lo conseguimos (de hecho, lo del tren, si no me da por colarme para preguntar por los tickets, lo perdemos). Muaaaaaaaaaa

  2. Yo soy más bien del tipo “kamikaze” con la comida… me encanta probarlo todo (también exceptuando vísceras y mandarinas, claro).

    La tapioca la he utilizado a veces con mis hijos cuando eran bebés para espesar los caldos y, efectivamente, queda una textura gelatinosa, pero muy proteica 🙂

    Saludos!

  3. Yo no soy muy fan del coco y el impacto de la foto cuando recién lo abres no invita mucho a su degustación jaja en la última foto ya apetece más. Muy útil saber de “snacks” para picar entre horas allí donde “Bicenturi” y su “se más lista ue el hambre” aún no ha llegado jaja un beso guapa espero que hayas disfrutado de ls vacaciones, bien merecidas después del maratón para pillar el tren, pero eso ya nos los cuentas en próximos capis.

  4. No sabes lo identificado que me siento, y es que yo era igual, una pesadilla: “come” “no me gusta” “¿Cómo lo sabes si no lo has probado nunca?” “Que sí lo he probao”. Aunque puedo decir en mi defensa que algo genético debo tener, ya que me han contado mis padres que me negaba a comer nada sólido (tendría un año o así), y el médico les dijo que no me dieran papilla ni puré, que el hambre me haría entrar en razón; pues bien, a las casi 48 horas de no probar bocado, y con el crío desmayándose con los rincones pero en sus trece de no ingerir cosas raras como por ejemplo pollo (qué ideas), decidieron aceptar su triste destino y prepararme un puré. Por suerte, hace años entré en razón, y ahora como de todo y muy a gusto.

    En cuanto a tu almuerzo, me parece genial que en el tren te ofrezcan cosas tan pintorescas en lugar de sandwiches preparados o patatas de bolsa, es lo bueno de viajar! Y obviamente me parece genial que te animes a probar 😉

    Ila’a liqa!

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