En Vientián, la aburrida capital de Laos, tras una estafa y 22 horas de autobús

El jueves tomé un autobús desde Ha Noi que, supuestamente, tras 22 horas, me llevaría a Luang Prabang, la ciudad de Laos más recomendada por todos los viajeros y las páginas de información para turistas y para viajeros.

La idea era pasar allí 2 días y luego otro día más en Vientián, la capital de Laos, de la que todo el mundo dice que es una ciudad aburrida. Y estoy comprobando que así es.

Autobús entre Hanoi y Vientián

Autobús entre Hanoi y Vientián

El viaje era en un autobús con camas, como el que veis en la foto. En Internet leí siempre muchas malas referencias sobre estos autobuses que cruzan la frontera entre Vietnam y Laos. Sin embargo, yo fui bastante cómoda. Los comentarios apuntaban a la inseguridad de la carretera y las curvas. Yo sólo digo que si para hacer menos de 800 kilómetros se necesita casi un día entero, es obvio que las carreteras no van a ser autopistas, sino que lo que te espera son carreteras que rodean montañas y cruzan aldeas perdidas.

A mí me encanta viajar en autobús cuando estoy en nuevos países. Porque, aunque sean muchas horas, ese trayecto es parte del viaje. Cuando estoy en España, el simple hecho de estar 5 horas en el Alsa que me lleva de Madrid a Asturias, se me hace aburridísimo y eso que ponen películas y leo. Pero porque voy con ganas de llegar al destino. Viajando, el hecho de estar en un autobús te da la oportunidad de ver más cosas del país y no sólo de ver el lugar al que vas, de conocer a gente local, o de ver como se comportan (por ejemplo, aquí te hacen quitarte el calzado al entrar al autobús y, en los descansos, ponen una caja con las sandalias que se usan en casa normalmente en Vietnam para que las pongas para salir)

La gente en el autobús era muy maja. Había muchas mujeres y charlé mucho con un grupo de tres amigos (dos vietnamitas y un laosaiano-¿sabías que el gentilicio de Laos es laosiano?) que venían a Vientián de viaje de fin de estudios. Al saber sobre su destino, yo convencida de que estábamos yendo a Luang Prabang, les pregunté que cuantas horas de distancia había entre ambas ciudades (cuando estás en países donde las carreteras son muy pobres, se habla sobre horas de distancia, no sobre kilómetros). Y me dijeron que era medio día más. Ahí pensé, que vaya paciencia que tenía esta gente para hacer tal largo viaje.

Una aldea perdida por Laos, desde el autobús

Una aldea perdida por Laos, desde el autobús

Para cruzar la frontera, primero necesitas que los policias vietnamitas te sellen la salida. Son muy lentos, porque les gusta más estar de cháchara que trabajar, pero no tardamos mucho, al fin y al cabo. Una curiosidad: piden a todos un dólar. En realidad ese dólar no es necesario para nada, sino que va para su bolsillo. La verdad que son listos. Por un simple dólar nadie se va a quejar (si pidieran más seguro que habría protestas de los extranjeros, no de los vietnamitas que como viven en una dictadura, saben ser obedientes y tienen cuidado con esas cosas), pero teniendo en cuenta todas las personas que cruzan el borde cada día, eso es mucho dinero.

Tras esto, hubo una pequeña caminata, con unas maravillosas montañas como escenario. En esos momentos, os lo digo, que iba con una sonrisa de oreja de oreja recordando cuando hace unos años soñaba con que un día viajaría y descubriría nuevos países y pensando que la realidad es mucho mejor que  mis sueños. Este era un viaje especial porque es la primera vez que viajo a un país donde no hay nadie esperándome (aunque ya he conocido a mucha gente en el hostal, sobre todo a una chica italiana, con la que me he pasado el día).

Tras mi momento de felicidad mañanera total, llegué a la parte de la frontera de Laos, donde rellenamos unos papeles, hay que entregar una foto y el coste del visado para entrar a Laos es de 25 dólares más un dólar más que piden por el morro. Por el mismo morro que tienen los vietnamitas.

De vuelta en el autobús y, de nuevo charlando con mis nuevos colegas, me enteré de que íbamos en dirección a Vientián y no a Luang Prabang. Así que mis colegas preguntaron al del autobús que cómo podía ser que cuando me vendieron el billete me hubieran dicho que tardaría 22 horas en llegar a Luang Prabang desde Ha Noi, si eso ya era matemáticamente imposible. En ese momento me enteré de que el plan era meterme en otro autobús a mi llegada a Vientián que supondría otras doce horas más. Algo que no podía hacer porque porque al llegar tenía que conectarme a Internet y ponerme a trabajar para mi empresa.

Me quedé bastante flipada, pero también os digo que como estaba tan feliz, no me importó tanto. Eso ayuda.

Decidí que me dieran el dinero del viaje a Luang Prabang y que ya vería yo si quería ir, pero otro día. Ahí querían estafarme. Pero gracias a los vietnamitas y a un hombre laosiano que vio la jugada y vino a decirme que me estaban dando dinero de menos, conseguí, tras insistir, el dinero.

Pero lo que no pudieron darme es estar en el lugar que quería. Ya no me da tiempo a ir a Luang Prabang porque en dos días tengo que estar en Bangkok, así que me he quedado por Vientián, que es un lugar bastante aburrido, que parece una ciudad hecha para turistas y con ganas de conocer otras ciudades en Laos. Aunque por lo menos he visitado cosas, me he cocido bajo el sol y me he dado un supermasaje de una hora por cuatro euros. No está mal la cosa. Sobre otros lugares, ya veremos en el futuro.

Por si alguien lee esto y esta por Hanoi pensado en ir a Laos, la agencia a la que compré el billete es Sinh Cafe Travel, número 9 situada en la calle Luong Ngoc Quyen junto con Ma May. 

Montañas de la frontera entre Laos y Vietnam

Montañas de la frontera entre Laos y Vietnam

6 comentarios en “En Vientián, la aburrida capital de Laos, tras una estafa y 22 horas de autobús

  1. Libia llamando a Bárbara, Libia llamando a Bárbara, ¿me se siente? Le he cantado un fandango al wordpress, a ver si te avisa de mi comentario 😉

    Coincido plenamente contigo en lo del autobús, tanto en lo aburrido que es si solo quieres llegar, como lo chulo que es si lo tomas como algo divertido en sí mismo (difícil en un trayecto que has hecho mil veces, tipo Asturias-Madrid, pero en fin).

    Una vez leí un proverbio atribuido a los tuareg: “el viajero que se distrae pensando en lo que hará al final del viaje nunca llegará a su destino”, así que hala! A disfrutar el trayecto!

  2. Me imagino tu sonrisa en esta caminata a pie en la frontera mirando las montañas a tu alrededor!!! me ha traído recuerdos, jajajaja , no sólo de cruzar fronteras a pie sino más bien de tu sonrisa con brillo en los ojos…

    que listillos la compañia de bus, los polis de la frontera y compañia….suerte de los estudiantes majos que te ayudaron y del masaje estupendo que te regalaste 😉 ole!

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