Por esas especiales oficinas del día a día

Trabajar desde casa tiene una gran desventaja y es que te relaciones con menos gente durante tus horas de trabajo que cuando vas a la oficina. Pero tiene una gran ventaja. A parte de la movilidad, que yo aprovecho mucho, es poder buscarte oficinas con total encanto donde colocar tu ordenador y ponerte a trabajar (solo te limita que tienen que tener Internet, algo no siempre fácil en los países en desarrollo).

La oficina de hoy es la terraza de mi hostal  en la ciudad de Siem Reap, Camboya, rodeada de palmeras con cocos, una mangifera de la que a veces caen mangos con una fuerza peligrosa para las cabezas y árboles de bambú. Hay un calor húmedo de 40 grados, y tengo un ventilador detrás mío que, honestamente, lo único que hace es remover este aire caliente. Hay mucho silencio que sólo interrumpen varias chicas camboyanas que a ratos charlan y ríen en la barra de la recepción, unos turistas que miran el menú y un hombre camboyano que está hablando solo desde hace mucho tiempo ( a ese prefiero obviarlo, porque interrumpe un poco esta paz).

La calle de enfrente está sin asfaltar, es tranquila y de poco tránsito y llena de piedrecitas y de ‘tuk tuk‘ aparcados.

Tras dos semanas de viajes en las que tuvo poco tiempo para mis cosas, hoy es un día en que tengo mucho por hacer. Ya empecé a las siete y media de la mañana. Tengo que escribir un artículo, acabar un par de tareas de cosas pendientes que quiero enviar a mi empresa antes del lunes,  leer unos documentos y organizar diversas cosas que tengo que hacer durante los próximos días que andaré por Camboya. Vamos, un día de ordenador total. Sin embargo, con este entorno, con esta oficina de hoy, la tarea no es tan complicada.

Sigo pensando que mi vida es mejor que todo lo que pude soñar aquellos años en los que soñaba con viajar.

Hoy se ha ido mi mejor amigo de toda la vida tras casi dos semanas de visita. Estoy triste, lógicamente. Por mí, lo tendría aquí siempre conmigo, pero tiene responsabilidades en España. Como siempre me ha dicho mi madre: ‘todo no se puede tener en esta vida’. Así que, hasta que no inventen la máquina del tiempo, viajar, supone estar lejos de los míos.

Un pancake con nutella, un zumo de mango fresquito (soy adicta) y mi ordenador. A trabajar.

Un pancake con nutella, un zumo de mango fresquito (soy adicta) y mi ordenador. A trabajar.

4 comentarios en “Por esas especiales oficinas del día a día

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