Maravillada por Siem Reap

Hoy me levanté temprano. Antes de la 7 de la mañana. No era difícil, ayer sobre las 10.30 me quedé dormida. Estos 40 grados húmedos camboyanos y los paseos que me pego por Siem Reap me dejan K.O.

Mi bici. Con qué poco puede uno ser feliz.

Mi bici. Con qué poco puede uno ser feliz.

Paseé durante cerca de dos horas, cuando el sol no pega tan fuerte, paseando por la ciudad, que me tiene maravillada, por el contraste entre el lujo barato que ofrece al visitante y la pobreza (y amabilidad) que encuentras nada más desviarte ligeramente de las céntricas calles.

Con mucho dolor de pies y viendo que el museo de la guerra civil estaba a cinco kilómetros, decidí alquilar una bicicleta, algo muy común aquí. Me encanta andar en bicicleta, a pesar del pesado sol y del pegajoso calor. Pero me da mucha sensación de libertad. Me recordó, ligeramente, a los días en los que viví en Alemania (digo ligeramente porque no se puede comparar, ya que yo viví allí en invierno y acaba, a la fuerza, pedaleando con mucha más gana), donde me paseaba a todos lados con aquella bicicleta que me había costado 25 euros en el mercado de segunda mano que se celebra en Bonn una vez al mes durante los meses de más calor.

En el museo de la guerra civil tuve la oportunidad de pasear por los jardines charlando con un hombre que vivió toda la historia, reciente y cruel, de Camboya en su piel: el régimen de los jemeres rojos asesinó a a sus padres frente a él, por ‘intelectuales’ (eran profesores) que se negaban a que su hijo fuera reclutado para aprender a matar. Al final, tras matarles, le metieron en un camión a empujones  para llevarle a un lugar donde fue entrenado para disparar, para ir, un año después, a luchar en la guerra, hasta que se cambió de bando, y pasó al lado de los vietnamitas con el objetivo de acabar con los jemeres. El hombre no se corta al decir su opinión clara sobre el gobierno, y ya pasó un año en la cárcel por escribir un libro crítico con los actuales líderes de Camboya.

Ha sido una mañana bonita y productiva.

4 comentarios en “Maravillada por Siem Reap

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