¡Cómo no me va a gustar Asia! Camino a Malasia…

El otro día le comentaba a una amiga lo que me está maravillando la vida por el Sudeste Asiático y ella me preguntaba por qué. La verdad que la respuesta es fácil: creo que es bastante imposible que no te guste.

Hay dos grandes inconvenientes que son el clima (una exageración de calor y las lluvias monzónicas en esta época del año capaces de empaparte en dos minutos que te pillen desprevenido por la calle) y los mosquitos, que adoran mi sangre o lo que sea que mi cuerpo les ofrece.

Southeast_AsiaPero a parte de eso, el resto es genial. Los países del sureste asiático son lugares muy seguros donde las tasas de delincuencia son, en muchos casos, tan bajas como por Europa, la gente es muy agradable y hospitalaria, la comida me encanta y además tiene menos grasa así que puedo comer muchísimo y no engordo, al contrario de lo que me pasa en otras regiones, hay paisajes realmente maravillosos y, lo que más me gusta de todo, es la facilidad para moverse de un país a otro, como ‘Pedro por su casa’.

Un buen día te coges una mochila y a cruzar fronteras. Camboya, Vietnam y Laos necesitan de visados que puedes comprar en la frontera (para algunos países no piden visado, para España sí) cuando entras al país, sin mayor problema, porque el autobús espera  a que todos los pasajeros tengan sus documentos. Para ir a Myanmar o Birmania, hay que pillar el visado con antelación en alguna gran ciudad como Bangkok e ir en avión, es distinto, pero la gente dice que merece la pena, que la gente es muy hospitalaria.

Es tan fácil todo, que montarme en autobús durante  unas horas y cruzar la frontera a un nuevo país se ha hecho como pillar el tren que va desde mi pueblo a Oviedo, la capital de Asturias (menos el viaje entre Camboya y Tailandia que son unos pesados y eso ya os lo contaré en otro post).

Así por ejemplo, ayer por la noche mi idea era quedarme en el hostal mirando las opciones para llegar a Malasia. En dos días se me acaba el visado de Tailandia y tengo que salir del país. Pero había un plan mejor: algunos colegas del hostal se iban a un edificio altísimo de Bangkok a tomarse algo, en eso que en ingles se llama ‘rooftop bar‘ (no sé si hay palabra en español para eso) así que con ellos me fui, y fue una idea estupenda. La cerveza te cuesta unos 7 euros, pero las vistas son una auténtica maravilla. Bangkok es una ciudad impresionante llena de enormes edificios y yo, que soy de pueblo, me quedo alucinada mirándolos. Tened en cuenta que en mi pueblo el edificio más alto tiene 9 pisos y ya sobresale del resto con diferencia.

Pues eso no me estresó. Aunque tenga que irme esta noche a algún lado cerca de la frontera con Malasia y aún no sepa a donde voy a ir, no me preocupa. En otros países, esto podría necesitar más organización. Pero aquí todo el tan fácil y los alojamientos tan baratos, que no hace falta gran organización. También es verdad que a mí me gusta mucho viajar horas y horas en autobuses cuando estoy en países nuevos. Es parte de la experiencia. De hecho, si te vienes al sureste asiático y no te gustan los transportes de tierra, ¡olvídate! no podrás disfrutarlo como se debe. Y, además de esto, yo que soy una persona que me cuesta relajarme y que siempre siento que tengo que estar haciendo cosas, cuando voy en autobús aprovecho para pensar, leer mucho, escribir… Son mis momentos.

Bye bye Thailand. Ha sido todo un placer. Malasia nos vemos en un par de días.

Bangkok desde las alturas. Impresionante

Bangkok desde las alturas. Impresionante

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